Mito 1: Tenemos la capacidad de controlar cómo se desarrollarán las conversaciones futuras.
Uno de los usos más frecuentes del control es la anticipación de conversaciones futuras. Ya sea una conversación difícil con una pareja o un favor esperado con ansiedad para pedirle a un amigo, nuestros cerebros tienden a intentar negociar el control. Esto frecuentemente se ve como repasar todas las posibles respuestas, solo para estar seguros. Aunque esto puede parecer beneficioso, a menudo puede llevar a pensar en exceso y a creer en el peor resultado posible, es decir, “¿cómo responderé si dicen que no y luego me odian?”.
–>Entender que las respuestas anticipadas de otras personas son completamente impredecibles, y a menudo no son lo que esperamos, nos quita la presión de intentar “prepararnos para lo peor”.
Mito 2: Podemos cambiar cómo se desarrolló una conversación/evento en el pasado.
Esta es una de las ilusiones de control más comunes y perjudiciales con las que la gente lidia. Una conversación o interacción difícil ocurre en el pasado, y tratamos de repasarla mentalmente para diseccionar dónde salió mal y cómo podemos hacerlo mejor la próxima vez. Aunque en teoría puede ser útil, las personas suelen darse cuenta casi de inmediato de lo que cambiarían, y luego pasan los siguientes minutos u horas de su día rumiando sobre cómo deberían haber reaccionado de manera diferente.
–>Soltar esta idea de control sobre eventos pasados nos lleva al perdón hacia nosotros mismos y a una menor expectativa de ser perfectos en todas las circunstancias.
Mito 3: Porque pude controlar un problema anterior, puedo hacer lo mismo en el futuro.
A veces, las personas logran calmar sus preocupaciones con acciones y esencialmente “controlar” sus pensamientos ansiosos. Un ejemplo sería notar y preocuparse de que te has quedado sin medicamento, llamar a tu farmacia para renovar una receta atrasada y que te digan “gracias, nos hemos asegurado de pedirlo”. Este pensamiento ansioso se resolvió con una llamada telefónica tangible y orientada a la acción, y luego quedó “solucionado”. Desafortunadamente, este no es el caso con todos los pensamientos ansiosos, y genera la ilusión de poder controlar y resolver el pensamiento ansioso. Otras preocupaciones comunes como “¿colapsará la economía?” y “¿por qué esta persona no me cae bien?” no pueden ser controladas ni “resueltas”, pero nuestras mentes aún intentan negociar una respuesta accionable.
–>En lugar de esforzarte meticulosamente por encontrar una manera de resolver la preocupación, intenta aceptar que algunas preocupaciones no tienen solución. Estas preocupaciones pueden no tener fin, y entender esto puede ayudar a prevenir que el pensamiento excesivo y las agotadoras espirales de pensamientos continúen.
Si buscas ayuda para navegar las ideas sobre el control, podemos ayudarte. Contacta a Max Boenisch en max@treehousecounselingoregon.com o visita el perfil de Max aquí.





