“Estoy bien”: Cómo saber si tu hijo está sufriendo acoso escolar

Señales de que tu hijo podría estar sufriendo acoso escolar y cómo intervenir con cuidado e intención.

En honor al Mes Nacional de Prevención del Acoso Escolar; el Día de la Unidad (Unity Day) se celebra el miércoles 21 de octubre.

Octubre trae consigo una tranquilidad particular a nuestros hogares. Por las tardes, la luz se vuelve tenue y dorada, la lluvia comienza a instalarse sobre el valle y nuestros hijos entran por la puerta con las capuchas puestas y las mochilas arrastrando. Les preguntamos cómo les fue el día. Nos responden: «Bien». La puerta de su habitación se cierra detrás de ellos y nos decimos que así es simplemente como suena el proceso de crecer.

La mayoría de las veces, así es.

Pero octubre también es el Mes Nacional de Prevención del Acoso Escolar y hoy, día 21, las escuelas de todo el país celebran el Día de la Unidad (Unity Day), un recordatorio de que algunas de las cosas que nuestros hijos llevan a casa las llevan en silencio.

Vale la pena detenernos a considerar las cifras. Aproximadamente uno de cada cinco estudiantes afirma sufrir acoso escolar, y esa cifra aumenta durante los años de secundaria, cuando alrededor de una cuarta parte de los estudiantes dice haberlo experimentado. Según una medición nacional, menos de la mitad de los estudiantes que sufren acoso se lo cuentan a un adulto de confianza. Esto significa que, en muchísimos hogares y durante muchísimas tardes aparentemente normales, un niño está enfrentando algo difícil por su cuenta, mientras las personas que más lo quieren preparan la cena sin saber lo que está pasando.

Si esto te resulta difícil de escuchar, digamos claramente lo siguiente: el silencio de un niño casi nunca es un juicio sobre sus padres. No significa que no confíe en nosotros. Más bien, desde su perspectiva, las razones para guardar silencio pueden parecer muy convincentes.

Por qué se lo guardan

Quieren resolverlo por su cuenta. En algún momento, la mayoría de los niños asimila la idea de que contarle algo a un adulto es propio de los niños pequeños, mientras que resolver los problemas por sí mismos es parte de crecer. Pedir ayuda puede sentirse como admitir que no pudieron hacerlo solos.

Tienen miedo de que la situación empeore. Este temor no es irracional. Los niños conocen mucho mejor que nosotros las dinámicas sociales de los pasillos de su escuela y, por lo general, han llegado a la conclusión, muchas veces acertada, de que la intervención de un adulto puede provocar represalias.

Sienten vergüenza. El acoso hace daño al convencer al niño de que hay algo en él que provocó ese trato. La vergüenza no quiere testigos, ni siquiera personas que lo quieren. Especialmente las personas que lo quieren.

Tienen miedo de lo que haremos. Muchos niños guardan silencio porque se imaginan la llamada telefónica a la escuela, la conversación con los padres del otro niño y toda la situación convirtiéndose en algo más grande, más intenso y completamente fuera de su control.

Tienen miedo de lo que podrían perder. Si el problema ocurre por mensajes de texto o durante un videojuego, un niño puede sopesar la posibilidad de contárnoslo frente al riesgo de perder su teléfono, su consola o el chat grupal, y decidir que guardar silencio tiene un costo menor.

Han llegado a la conclusión de que nada va a cambiar. A veces, un niño ya se lo ha contado a alguien. A veces, eso no sirvió de nada. Es mucho más difícil llegar a un niño que ya lo intentó una vez y se sintió decepcionado cuando vuelve a necesitar ayuda.

En qué debemos fijarnos

Como muchas veces los niños no cuentan lo que está pasando, nos queda prestar atención a lo que podemos observar:

  • Dolores de estómago, dolores de cabeza o malestares generales que aparecen por las mañanas antes de ir a la escuela y desaparecen el sábado.

  • Pertenencias que regresan dañadas, que desaparecen o cuya ausencia no tiene explicación.

  • Dificultad para conciliar el sueño o pesadillas.

  • Cambios en el apetito.

  • Un grupo de amigos que cambia repentinamente, o un niño que deja de querer ir a lugares que antes le encantaban.

  • Calificaciones que bajan o una nueva resistencia a ir a la escuela.

  • Hablar de sí mismos con más dureza que antes.

Aquí conviene hacer una advertencia, porque es importante: por sí sola, cualquiera de estas señales suele ser algo normal. A los niños les duele el estómago. Las amistades cambian constantemente a esta edad. Lo que merece nuestra atención es la combinación de señales y el cambio de comportamiento: varias de estas cosas que aparecen al mismo tiempo en un niño que antes no se comportaba así. Y también es cierto que algunos niños que sufren acoso no muestran ninguna señal externa.

Qué puede ayudar

1. Abre la puerta y déjala abierta. Las preguntas directas suelen hacer que los niños se cierren. Las conversaciones indirectas pueden ayudarles a abrirse: durante un viaje en auto, mientras lavan los platos, en una caminata hasta el buzón o en cualquier situación en la que estés a su lado en lugar de estar frente a ellos. La publicación reciente de nuestra colega Ivy sobre qué hacer cuando a tu hijo no le gusta la escuela ofrece una buena orientación para este tipo de conversaciones.

2. Procura que tu primera reacción sea serena. Este es el punto más difícil de la lista. Cuando un niño finalmente nos cuenta algo doloroso, lo primero que percibe es nuestra alarma, y esa reacción influirá en si decide contarnos algo más la próxima vez. Ya hemos escrito anteriormente sobre lo fácilmente que nuestro propio malestar se transmite a nuestros hijos. En ningún otro momento es esto más cierto que aquí. Permítete sentirlo plenamente, pero espera un poco antes de reaccionar.

3. Pregunta antes de actuar. Como el miedo a perder el control es una de las principales razones por las que los niños guardan silencio, la manera más rápida de conseguir que vuelvan a hablar contigo es elaborar el plan juntos. «Esto es lo que estoy pensando. ¿Cómo te sientes al respecto?». Tú mantienes la autoridad. Tu hijo conserva su dignidad.

4. Involucra a la escuela como aliada. Comunícate con el consejero escolar o el maestro y comparte detalles específicos: fechas, lugares y lo que se dijo. Pregúntales qué han observado desde su perspectiva. Las escuelas suelen responder mucho mejor cuando un padre se acerca con la intención de colaborar, en lugar de simplemente presentar una queja.

5. Presta atención a lo que queda después. Cuando el acoso termina, sus efectos muchas veces no desaparecen. La ansiedad, la evitación y una sensación más profunda de no ser digno pueden persistir mucho después de que la situación se haya resuelto. Estas secuelas tienen sus propias consecuencias y merecen atención y cuidado.

Cuándo es momento de buscar más apoyo

Si han pasado varias semanas y tu hijo sigue evitando ir a la escuela, continúa durmiendo o comiendo de manera diferente, sigue alejándose de las actividades que antes le entusiasmaban o continúa hablando de sí mismo con una dureza que antes no mostraba, ese es el momento de buscar apoyo externo. No tienes que esperar a que las cosas empeoren para pedir ayuda.

Algunas señales requieren atención inmediata, no dentro de unas semanas: las autolesiones, hablar sobre el suicidio o una sensación de desesperanza que no desaparece. Si observas alguna de estas señales, comunícate hoy mismo con el pediatra de tu hijo o llama o envía un mensaje de texto al 988, la Línea de Ayuda para el Suicidio y las Crisis.

En terapia, un niño que ha sufrido acoso recibe algo que rara vez puede obtener en casa: un espacio donde puede contar todo lo que ha vivido sin tener que preocuparse por el dolor emocional de sus padres mientras lo hace. A partir de ahí, el trabajo es práctico: reconstruir la autoestima que se ha ido debilitando, practicar qué decir y hacer si vuelve a ocurrir, reducir el impacto de la ansiedad y la evitación y, mediante sesiones familiares, ayudar a todos en el hogar a recuperar la comunicación.

En Treehouse, nuestros terapeutas trabajan con niños mediante la terapia de juego, con adolescentes a través de la terapia para adolescentes y con familias completas mediante la terapia familiar. Si este octubre te ha hecho preguntarte si algo le está pasando a tu hijo, nos gustaría conversar contigo. Puedes comunicarte con nosotros aquí. Todo comienza con una sencilla llamada telefónica y no tienes ningún compromiso por solicitar información.

El Día de la Unidad nos invita a vestir de naranja y a demostrar que estamos unidos. Es una buena iniciativa. Pero el trabajo más duradero ocurre en nuestras propias cocinas, una noche cualquiera entre semana, cuando un niño finalmente decide que puede confiar en nosotros para contarnos lo que está pasando y descubre que realmente puede hacerlo.

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